La concentración es una de las habilidades mentales más importantes en el deporte. Permite atender a lo que realmente importa en cada momento: una decisión, un gesto técnico, el ritmo, la respiración, la estrategia o la siguiente acción.
Pero concentrarse no siempre es fácil. En competición pueden aparecer pensamientos sobre el resultado, el público, los rivales, el error anterior, el cansancio o lo que puede pasar después. Estas distracciones son normales, pero si el deportista se queda enganchado a ellas, el rendimiento puede verse afectado.
La concentración no consiste en tener la mente en blanco. Consiste en saber dónde poner la atención y cómo volver al foco cuando se pierde. Porque perder la concentración es humano. La clave está en recuperarla rápido.
Desde la psicología deportiva se trabaja el foco atencional mediante ejercicios, rutinas y estrategias adaptadas al deporte. Un corredor puede necesitar centrarse en ritmo, respiración o sensaciones. Un ciclista puede necesitar leer el entorno y regular esfuerzos. Un jugador de equipo puede necesitar atender a la toma de decisiones y a la comunicación.
También se trabaja la preparación previa. Dormir mal, llegar con prisa, no tener una rutina o competir con expectativas desordenadas puede hacer que la concentración sea más difícil.
Otra parte importante es el diálogo interno. Si después de un error aparece una cadena de pensamientos negativos, la atención se aleja de la acción. Aprender a cortar esa cadena y volver al presente puede marcar una gran diferencia.
La concentración se entrena. Y cuanto más se practica, más recursos tiene el deportista para responder en situaciones de presión.


