Cometer un error forma parte de competir, pero el problema no es el error en sí, sino todo lo que pasa mentalmente durante los segundos o minutos posteriores.
“¿Cómo he podido fallar eso?”
“Ya lo he estropeado.”
“Siempre me pasa igual.”
“Hoy no me va a salir nada.”
Un error puntual puede convertirse rápidamente en una cadena de pensamientos que nos aleja de la siguiente acción, y mientras la mente sigue atrapada en lo que acaba de pasar, la competición continúa.
Recuperarse mentalmente de un error no significa hacer ver que no ha pasado. Significa ser capaz de reconocerlo, extraer la información que sea necesaria y volver al presente.
Una pregunta útil es: ¿necesito solucionar algo ahora mismo o solo me estoy castigando por lo que ha pasado?
Si hay alguna corrección técnica o táctica que podemos aplicar, la hacemos. Si no la hay, seguir revisando mentalmente el error ya no nos ayuda a competir mejor. Por eso muchos deportistas trabajan rutinas de “reset”.
Puede ser una respiración, una palabra concreta, un gesto físico, mirar un punto determinado o recordar una instrucción corta que ayude a volver al momento actual. Se trata de crear una señal entrenada que recuerde al cerebro: esto ya ha pasado, ahora toca la siguiente acción.
También es importante revisar cómo hablamos con nosotros mismos después de equivocarnos. Difícilmente recuperaremos el foco si después de cada error nos insultamos, nos cuestionamos o convertimos una acción concreta en un juicio sobre nuestra capacidad.
Un buen deportista no es quien no se equivoca, también es quien aprende a perder el mínimo tiempo posible dentro del error.




